La evolución del PIB per cápita de México frente al promedio mundial muestra un cambio importante en las últimas dos décadas: el país pasó de ubicarse por encima del promedio global a quedar por debajo, una tendencia que se acentuó durante los años de la llamada Cuarta Transformación.

De acuerdo con datos del Banco Mundial retomados en el World Data Index, expresados en dólares constantes de 2010 y con un índice de 100 correspondiente a 2018, en 2005 México registraba un PIB per cápita cercano a 92 puntos, mientras que el promedio mundial se ubicaba alrededor de 80. Esto representaba una ventaja aproximada de 15 por ciento para el país.

Durante los años siguientes, ambas mediciones mantuvieron una trayectoria relativamente similar. La crisis financiera de 2009 provocó una disminución en ambos indicadores y posteriormente comenzó una recuperación paralela que se prolongó hasta aproximadamente 2018.

Sin embargo, a partir de ese año las tendencias comenzaron a separarse. Mientras el PIB per cápita mundial mantuvo un ritmo de crecimiento superior, el correspondiente a México comenzó a rezagarse.

La diferencia se hizo todavía más evidente durante la pandemia de 2020, cuando ambas economías sufrieron una fuerte contracción, aunque el descenso fue más pronunciado para México. Posteriormente, mientras el promedio mundial recuperó terreno, México mostró una recuperación mucho más limitada.

Para 2025, la brecha se ubicó nuevamente en poco más de 12 por ciento, pero esta vez con México por debajo del promedio mundial.

Un indicador con limitaciones, pero útil para comparar

El PIB per cápita no está exento de cuestionamientos. Uno de los principales debates se relaciona con la metodología utilizada para calcularlo, particularmente cuando se compara mediante dólares nominales o paridad de poder adquisitivo.

También existe una crítica recurrente: el indicador no muestra cómo se distribuye la riqueza dentro de una sociedad. Un PIB per cápita determinado no significa que cada ciudadano reciba esa cantidad de ingresos, especialmente en países donde existen grandes diferencias económicas entre distintos sectores de la población.

A pesar de estas limitaciones, el indicador permite establecer comparaciones a través del tiempo. Al utilizar una metodología constante, es posible observar cómo ha evolucionado la economía de un país respecto a su propio pasado y frente al desempeño de otras economías.

Desde esta perspectiva, la trayectoria resulta significativa. México pasó de tener una posición favorable respecto al promedio mundial a encontrarse actualmente por debajo de éste.

De estar arriba a quedar por debajo

En 2007, al inicio del gobierno de Felipe Calderón, México se encontraba cerca de 20 por ciento por encima del PIB per cápita promedio mundial, según la comparación planteada en estos datos.

Para 2018, la diferencia prácticamente había desaparecido. A partir de entonces comenzó un proceso de deterioro relativo que llevó a México a ubicarse alrededor de 12 por ciento por debajo del promedio mundial en 2025.

Esto significa que, en un periodo de aproximadamente dos décadas, la posición relativa del país frente al resto del mundo sufrió un deterioro superior a 30 puntos porcentuales.

Las dos grandes crisis del periodo también muestran una característica relevante: México registró caídas más pronunciadas que el promedio mundial tanto en 2009 como en 2020 y, particularmente después de la pandemia, su recuperación fue considerablemente más lenta.

La importancia de mirar la tendencia

Más allá de los resultados de un trimestre específico, la evolución de largo plazo permite observar con mayor claridad el comportamiento de una economía.

Bajo esta perspectiva, los datos plantean un desafío importante para los gobiernos de Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum, pues durante el periodo iniciado en 2018 el PIB per cápita mundial habría aumentado alrededor de 12 por ciento, mientras que el de México prácticamente no habría registrado crecimiento.

La discusión sobre el desempeño económico del país, por ello, no puede limitarse a indicadores coyunturales. La comparación internacional muestra un México que ha perdido terreno frente al promedio mundial y que enfrenta el reto de recuperar el dinamismo necesario para revertir esa tendencia.

El comportamiento futuro dependerá de factores como el crecimiento de la productividad, la inversión, la generación de empleos mejor remunerados y la capacidad de la economía mexicana para crecer a un ritmo superior al de otras naciones.

Más allá de las interpretaciones políticas que puedan hacerse sobre estos datos, la evolución del PIB per cápita ofrece un indicador que permite dimensionar el lugar que ocupa México frente al resto del mundo y el tamaño del reto económico que tendrá el país durante los próximos años.

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